¿Recuerdas aquella escena de Karate Kid en la que el señor Miyagi obliga a Daniel a encerar coches, pintar vallas y lijar suelos sin explicarle para qué sirve todo aquello? Lo que parece una sucesión de tareas absurdas acaba revelándose como parte de un aprendizaje mucho más complejo.
Esta escena nos sirve para introducir una pregunta fundamental: ¿qué condiciones debería reunir una enseñanza para favorecer realmente el aprendizaje?
En 2002, el investigador M. David Merrill publicó First Principles of Instruction, un trabajo en el que identificaba cinco principios recurrentes en diferentes modelos de diseño instruccional: partir de problemas o tareas, activar los conocimientos previos, demostrar lo que hay que aprender, ofrecer oportunidades de aplicación y favorecer la integración de lo aprendido.
Son principios que nos recuerdan algo esencial: enseñar no consiste únicamente en explicar bien, sino también en diseñar las condiciones para que los alumnos puedan aprender, practicar y utilizar lo aprendido.
En las siguientes diapositivas resumo estas cinco ideas, sus implicaciones para el aula y algunos matices que conviene tener presentes.
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Una reflexión final: enseñar bien exige mucho más que explicar
Una de las aportaciones más interesantes de Merrill es que sus principios no tienen por qué entenderse como cinco pasos rígidos que debamos seguir mecánicamente. Constituyen, más bien, un conjunto de condiciones que podemos utilizar para analizar y mejorar nuestras propuestas de enseñanza.
Desde la perspectiva de la ciencia cognitiva, algunos de estos principios conectan con líneas de investigación especialmente relevantes: la importancia de los conocimientos previos, los ejemplos resueltos, el modelado, la práctica guiada, la retroalimentación y la retirada progresiva de las ayudas.
Y aquí conviene introducir un matiz importante: trabajar a partir de problemas o tareas completas no significa abandonar a los alumnos a su suerte para que descubran por sí solos cómo resolverlos. Precisamente cuando los conocimientos previos son escasos, la orientación explícita del docente resulta especialmente importante.
También debemos evitar interpretar los cinco principios como una receta universal cuya eficacia conjunta esté demostrada para cualquier contenido, alumno o situación. El artículo de Merrill es fundamentalmente un trabajo de síntesis teórica de modelos instruccionales, aunque varios de sus componentes cuentan con investigación empírica independiente que los respalda.
En definitiva, no se trata de elegir entre explicar o practicar, entre memorizar o comprender, entre guiar o promover la autonomía. Se trata de entender cómo se complementan estos procesos y en qué momento resulta más conveniente cada forma de ayuda.
¿Cuántas veces damos por aprendido algo simplemente porque lo hemos explicado, sin comprobar si nuestros alumnos son capaces de utilizarlo?
Referencia
Merrill, M. D. (2002). First principles of instruction. Educational Technology Research and Development, 50(3), 43–59. https://doi.org/10.1007/BF02505024

