Jueves 4 de diciembre, 18:00 horas.
Empiezo a escribir esta entrada, ahora que tengo un poco de tiempo, para ordenar el cúmulo de experiencias y sensaciones que mi trabajo divulgativo me ha proporcionado estas últimas semanas. A veces, para qué engañarnos, se hace difícil equilibrar vida familiar, amistades, divulgación y oficio docente. La obstinada manía que tiene el día de aguantar solo durante 24 horas tiene parte de la culpa, pero queda compensado por lo bien rodeado y acompañado que uno está en todos los ámbitos dichos anteriormente. Pero estas 3 últimas semanas pasadas (libro aparte) han venido especialmente cargadas y, siendo hoy una tarde donde apetece, aquí va un cajón de sastre a modo de resumen de lo vivido durante el transcurso de ellas:
RESEARCHED MADRID
El 21 de noviembre fue la cita del congreso internacional por definición de eso que llamamos Educación Guiada por la investigación científica. Con Héctor Ruíz al frente de la ISTF y la organización del evento, solo puedo decir que todo el equipo de su Fundación funcionó como un reloj suizo: nada faltó, todo fue rodado y el trato y acompañamiento fueron exquisitos. Reencontrarme con Héctor y Juan siempre es motivo de alegría personal y profesional y esta vez tampoco fue una excepción. Además, conocer en persona a un referente de nuestro país como Neus Sanmartí o desvirtualizar a Mariana Morales, añadieron motivación a un encuentro que solo estuvo empañado por la falta de asistencia física del gran Dylan Wiliam, quien al menos dio su charla vía online y después se conectó en directo para responder a las preguntas del respetable.
Personalmente, disfruté de todas y cada una de las charlas, pues todas aportaron puntos de vista diferentes sobre la evaluación formativa que me resultaron interesantes y en algunos casos incluso novedosos y refrescantes, por lo que me llevé un buen paquete de herramientas en la cabeza con las que operar de aquí en adelante. Eso sí, voy a prescindir de hacer un relato pormenorizado de cada una de ellas, porque Juan ya se adelantó a ello y lo hizo demasiado bien como para que ni tan siquiera quiera intentar emularlo (aunque no puedo dejar de decir que siempre me sorprende con sus ponencias y esta vez tampoco hubo excepción: ¡qué bien divulga Juan!).
PRESENTACIÓN DEL LIBRO EN BARCELONA
Presentar Enséñame a enseñar en Barcelona no fue simplemente un acto editorial: fue una oportunidad de detener el tiempo y conversar, desde la honestidad y la experiencia, sobre aquello que de verdad sostiene la educación. Tener a Héctor Ruiz como acompañante en la mesa no solo elevó el nivel de la discusión, sino que aportó una claridad científica que dialoga —y a veces colisiona— de forma sana con la mirada práctica que intento defender en el libro.
La presentación no se planteó como un monólogo, sino como un intercambio. Héctor, con su rigor habitual, situó el libro en el mapa de la investigación educativa contemporánea: la idea de que la experiencia es necesaria, pero no suficiente; que la intuición es útil, pero no infalible; y que, en un sistema saturado de mitos y lugares comunes, la evidencia actúa como ese faro que evita encallar una y otra vez en los mismos errores.
Por mi parte, quise que la presentación transmitiera lo que me movió a escribir el libro: la necesidad de construir un puente honesto entre el aula real y la ciencia cognitiva; entre los errores que todos cometemos y las herramientas que nos permiten cometerlos un poco mejor cada día. Barcelona ofrecía el escenario perfecto: un público diverso, crítico, con ganas de preguntar, matizar y poner sobre la mesa sus propias experiencias.
Lo más valioso de la tarde, aparte de las palabras de Héctor, fueron las preguntas. Docentes que llevaban años lidiando con la frustración de metodologías que no funcionan o buscaban orientarse en un ecosistema lleno de voces contradictorias; familias que, desde fuera, intuían que algo no encaja y querían entender por qué. Esa conversación —abierta, respetuosa, profundamente humana— es lo que da sentido a un libro que nació, precisamente, para eso.
Salir de la sala con la sensación de que el libro ya no me pertenecía solo a mí, sino que empezaba a formar parte de un diálogo mayor, fue quizá el mejor aprendizaje de la noche. Y hacerlo acompañado de Héctor Ruiz, uno de los divulgadores más rigurosos y respetados del país, fue un privilegio que difícilmente olvidaré.
EL CONFLICTO COGNITIVO EN LES ESCOLES INQUIETES DEL GARRAF
La sesión en Les Escoles Inquietes del Garraf no fue una charla más: fue una invitación valiente —y necesaria— a mirar de frente algo que durante años la educación ha intentado suavizar, ocultar o maquillar. El conflicto cognitivo, ese momento incómodo en el que lo que creemos choca con lo que observamos, no es un error del sistema: es el sistema funcionando.
La sala estaba llena de docentes dispuestos a repensar lo que significa “enseñar bien”. Ahí radicaba lo especial del encuentro: no se trataba de convencer, sino de acompañar. La idea central —que sin fricción no hay comprensión profunda— resonó no como una provocación, sino como un reconocimiento íntimo que muchos ya intuían desde su experiencia diaria en el aula.
Los maestros del Garraf respondieron con naturalidad y ganas. Aparecieron casos, dudas y ese movimiento de cabeza que solo aparece cuando alguien reconoce algo que llevaba años sin poder nombrar.
La visita previa a la charla por la escuela Sant Jordi, dirigida por Francesc Martín, me dejó sin habla: qué equipazo, qué liderazgo compartido, qué ejemplo de escuela comprometida con el alumnado y su aprendizaje… Francesc es alguien especial, y en el poco tiempo que llevo desde que lo conocí (precisamente en la presentación del último libro de Héctor Ruíz) solo puedo sentir admiración por su trabajo y su bonhomía.
Salir de Les Escoles Inquietes del Garraf con la sensación de que el conflicto cognitivo se había convertido en una herramienta pedagógica legítima fue, sin duda, el logro más valioso de la tarde. Porque cuando un claustro se atreve a aceptar que el aprendizaje empieza, precisamente, cuando algo deja de encajar, entonces ya no hablamos de una charla: hablamos de transformación profesional.
¿Y AHORA?
Ahora 4 días de puente largo… para preparar la comisión de evaluación del próximo miércoles en mi escuela. Esto es un no parar. Antes de acabar este trimestre, todavía quedan citas, charlas y presentaciones. Me encanta mi trabajo pero, en serio… ¿No podría alguien alargar el día unas cuantas horas más?
